Yo no acepte la prohibición del Señor:
Me declaré en rebeldía, y volví al Paraíso absolutamente dispuesto a tender mi mano al Árbol de la Vida y a probarlo, no porque deseara vivir para siempre, ni porque quisiera ser como uno de ellos, los Elohim, los dioses, sino porque era el primer hombre que había probado del Árbol de la Duda, fuera del Paraíso, y el Árbol de la Duda me había hecho precisamente mortal y autárquico, y distinto de los dioses y de los hombres hechos a imagen y semejanza de los dioses.
Y he aquí que en la puerta del Paraíso aún estaba el ángel del Génesis, con su flamante espada, guardando el camino del Árbol de la Vida.
Y yo vi al ángel y al verlo solté una carcajada tal que sacudió las piedras: el ángel era falso; como los espantapájaros inventados por el hombre para guardar sus campos de labranza, el ángel era falso; era falso su poder, y era falsa su condición de ángel; y quien lo hubiera puesto allí era falso también; y todo era falso; todo era farsa tremenda, buena pera quien no hubiese, como yo probado del Árbol de la Duda; lo supe en un relámpago, con solo ver el ángel: el ángel tenía una una espada en la mano, y nadie que tenga verdadero poder necesita de espada: y si tiene una espada no está al servicio de una buena causa; y si no está al servicio de una buena causa no prevalecerá en el tiempo: el Péndulo regresará algún día y lo barrerá de la historia.
Yo, pues era el vengador de Adán, el tardío pero inevitable Caballero del Péndulo, sin lanza, sin espada, sin escudo, sin armas de combate; con ojos solamente; sí, con ojos impíamente abiertos y despiertos.
No hice esfuerzo alguna por desarmar al ángel.
No me digné siquiera adelante e indagar más de cerca el mito del Árbol de la Vida. No hay Árbol de la Vida.
comentario: Magnifico, ante la verdad, nada que refutar
Alcade
domingo, 1 de febrero de 2009
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